Resulta que yo tampoco he leido ninguna novela portuguesa, y en este caso quiero reconocer entonces, ninguna de José Saramago.
Ahora, sí puedo considerarme un gran lector y conocedor de los títulos de sus novelas. Mi afanosa lectura de lomos de las publicaciones de Saramago han desencadenado siempre en mí historias de lo más entretenidas y elocuentes, a espaldas del deasafortunado escritor.
Casi un objeto, Las intermitencias de la muerte, La segunda muerte de Francisco de Asís, La balsa de piedra, Todos los nombres y El hombre duplicado, me aparecen como títulos exquisitos, expresivos, explosivos, y nunca exagerados.
Sin necesidad de imaginar la prosa que le ha valido -entre tantos galardones- el jugoso Nobel Prize, en más de una ocasión he tomado el atrevimiento de inventar para mí estas historias, buscarlas en el andar de los paseantes, en el azarsoso discurrir de la atención.
Hasta donde sé, me encuentro en Colombia. Tierra de palmeras, senos desmesurados y acrobacias en lo que a nombres de pila se refiere. De todos los nombres que he conocido en este último tiempo paseando por Barranquilla he tenido la oportunidad de estrechar la mano de Jeannie, Wilmar, Lina, Karen, Majorie, Lilian, Leudis, Luz Marina, Blessed, Marlem, Oswaldo y un José. (Quienes desconfíen de mi palabra, pueden irse al diablo o tener a bien corroborar la veracidad de mis dichos hipertextualizando aquí )
Pero hay un nombre que lejos de sorprenderme por su exotismo, me sorprende por su existencia. Se trata de Álvaro Álvarez. Lo llamaremos: El hombre duplicado.
Álvaro Álvarez trabaja en la biblioteca, es el encargado de catalogar libros e ingresarlos en la base de datos. Como se entiende, una tarea de índole especular como pocas. Su tarea habitual es la de crear una imagen reflejada de cada libro que pasa por su escritorio. Como es tradición milenaria en los espejos, se tratará de una reproducción con una dimensión reducida, pero construida a imagen semejante del original.
Álvaro Álvarez es un ser sumiso, como sabemos son los espejos. Su tono de voz nunca supera al de quien comparte una charla con él. Sus gestos son amables, tanto que al abrir una de las puertas vidriadas que dividen espacios en la biblioteca, adopta nuestra postura, y nadie alcanza a decidir quién es el que debe primero avanzar. Es un momento en el que ambos pensamos lo mismo, con un vidrio frente a nosotros. Adelante, bueno, gracias, uh, perdón, no no, pase ud, siga, bueno, con permiso.
-Quizá God, el gran dios duplicador por economía de milagros, haya creado a Zeravlá Oravlá, un palindrómico biblioteario checo que viva las mismas desventuras, pero en latitudes opuestas y en una tierra fría y excenta de copas de corpiño talle 11. O quizá dios no existe, pero Zeravlá sí, y tiene un perro al que le puso Dog...-
-Álvaro -le digo-, no le parece que revise el catálogo en esa computadora de allí, creo que será más cómoda, para no ir hasta el segundo piso, digo, no?.
Se frota la barbilla un instante, apunta su mirada hacia más allá de lo evidente y contesta, pausando las palabras y extendiendo el espacio entre ellas:
- Si, eh.. podrías.. revisar el catálogo.. claro, en esa computadora. Es más cómodo, claro. Así no tienes que subir hasta el segundo piso...
Culmina con un demoledor: - no?
Álvaro Álvarez está generalmente de acuerdo. Quizá su costumbre sea la de transitar un mundo de acuerdos, un destino de presentes confirmados, un ahora no tan disímil al después, con la repetición como fiel y compañera.
¿Será su padre un tal Álvaro? ¿Existirá en esa familia una secuencia de generaciones empeñadas en mantener esta simétrica figura viva en este universo irregular y desproporcionado? Temo conocer esas verdades. Quizá sus conocimientos en Geometría y Teología sean tan vastos que mi entendimiento desequilibrado sea incapaz de tolerarles.
Seguiré en contacto con Álvaro Álvarez, al menos unos cuantos días más.
Me aterra la idea de despertar mañana, tomar nuevamente este siempre exquisito café con leche, saludar al mismo portero del edificio y partir al encuentro con Álvaro, el hombre duplicado. El nombre duplicado entre todos los nombres.
Me inquieta la idea de llegar a su oficina y que, intentando un saludo amable, mi mano derecha choque de punta con su mano izquierda y crucemos de nuevo el diálogo de cada mañana.
- Qué hubo, Álvaro?
- Qué hubo, Juan?
Barranquilla, 13/2/08
1 comentario:
hola!!!!
soy Ella :) nos hemos conocidos en Armenia, con Sandro :))
acabo de hacer la esplendida conocencia de tu blog... y de el hecho que parece que aun no has leido nada de una tal "sara mago" ;) :)))
despues "Cecità" -blindness, el año de la muerte de ricardo reis, ahora estoy en punto de acabar "una terra chiamata alentejo", titulo portugues: Levantado do Chao.
que hermoso descubrir este portugues un viaje dentro el hombre y la "humanidad", y entre la "portuguesidad"...
cuidado pero... si alcanzaras a acabar un primer libro... los otros seran una droga.
saludos!!
P.S. desculpa para posibles errores en el idioma de Cervantes ;)
P.P.S. salgo esta noche de Armenia para Bogotà, y una vez lleguada voy directamente en aeropuerto.
vuelvo en bogota el 15 por la noche, si quieres damos una vuelta :)
mi correo es grazia.mazza (AT) gmail PUNTO com
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